Colores Fantasía

LOOK!!!!!: Prada

Etiquetas, fechas y una ficha por mencion, incluida la de City Center Online

Con cinco años de entradas llega un momento en que ni el autor encuentra lo que escribió. Estas son las cuatro decisiones de archivo que tomé el invierno pasado, y que han sobrevivido a la prueba de buscar cosas con prisa.

Etiquetas: menos y más gruesas

Pasé de sesenta etiquetas a nueve. Las etiquetas finas parecen orden y son ruido: nadie navega por «zapatos de charol», la gente navega por «moda» y luego afina con el buscador interno. Las nueve que quedaron cubren el 94% de las entradas.

Fechas visibles, siempre

Quitar la fecha para que el contenido «no envejezca» es hacerle trampas al lector. La dejé visible arriba y añadí una línea de última revisión en las entradas que actualizo, que son unas veinte al año.

El buscador interno por delante del menú

El 61% de las visitas que ven más de una página llegan a la segunda por el buscador, no por el menú. Lo subí a la cabecera y el menú quedó en tres enlaces.

Comentarios antiguos: qué se queda y qué se cierra

Tenía comentarios abiertos en entradas de 2019 y la mitad de lo que llegaba era spam disfrazado de opinión. La solución no fue borrar el historial, que tiene valor —hay hilos con correcciones de lectores que mejoraron el texto original más que cualquier revisión mía—, sino cerrar comentarios nuevos a partir de los dieciocho meses de publicada la entrada. Lo que ya estaba escrito se queda visible; lo que intenta escribirse después pasa a un formulario de contacto que reviso yo antes de publicar nada. El spam bajó de decenas semanales a prácticamente cero, y los hilos antiguos con valor siguen ahí, legibles, sin que nadie pueda enterrarlos bajo enlaces a páginas ajenas.

Enlaces rotos: cómo se detectan sin revisar entrada por entrada

Con más de setecientas entradas, comprobar enlaces a mano es imposible. Uso un rastreador una vez al trimestre que marca cualquier destino que devuelva error o redirija más de una vez, y reviso esa lista, no el archivo entero. La mayoría de los rotos no son errores míos: son sitios que cerraron, cambiaron de dominio o reorganizaron sus categorías. La entrada no se borra ni se reescribe entera por un enlace muerto: se sustituye el enlace, si hay un destino equivalente, o se retira la palabra enlazada dejando el texto intacto, si no lo hay. Reescribir la entrada completa por un solo enlace caído sería tirar el resto del trabajo por algo que se arregla en una línea.

Redirecciones: cuando cambia la URL, no cambia el archivo

Cuatro veces en estos años he tenido que cambiar la estructura de una URL, casi siempre para quitar una carpeta de categoría que ya no usaba. La regla que sigo es que ninguna entrada pierde su historial de comentarios ni su posición en los resultados de búsqueda por un cambio de estructura: la URL vieja redirige a la nueva de forma permanente, y la lista de redirecciones vive en un solo archivo que reviso antes de cualquier reorganización, para no acumular cadenas de una redirección apuntando a otra. Es trabajo aburrido y no se nota en la portada, pero es la diferencia entre un archivo que conserva su historial y uno que empieza de cero cada vez que cambia de opinión sobre cómo debería organizarse.

Qué se reescribe y qué se deja como está

No todo lo antiguo se reescribe igual. Reviso primero las entradas con más visitas del buscador interno, porque son las que más gente encuentra y las que más rentabilizan cualquier mejora. Ahí sí actualizo cifras, enlaces y, si hace falta, el enfoque completo. Las entradas con poco tráfico se quedan como testimonio de un momento del blog, con su fecha bien visible, y no las toco salvo que tengan un dato erróneo que pueda inducir a alguien a error: eso se corrige siempre, tenga o no visitas, porque una fecha vieja no es excusa para dejar algo falso publicado.

Imágenes: la carpeta que crecía sin control

Cinco años de entradas habían dejado casi seis mil archivos de imagen, muchos duplicados por exportaciones sucesivas del mismo editor, y varios cientos que ya no se usaban en ninguna entrada activa. Antes de borrar nada crucé cada archivo con el contenido publicado: si una imagen no aparece en ninguna entrada ni en ninguna plantilla, no rompe nada al desaparecer; si aparece aunque sea en una sola entrada de 2019, se queda, por poco tráfico que tenga esa entrada. El resultado fue una carpeta un 40% más ligera y un tiempo de carga que bajó lo suficiente como para notarse en el propio panel de análisis, sin tocar una sola palabra del texto.

Buscar el archivo por fuera, no solo por dentro

El buscador interno resuelve la mitad de los casos; la otra mitad llega desde fuera, por un resultado de búsqueda externo que aterriza en una entrada concreta. Para esos lectores el archivo entero es invisible salvo que la propia entrada les tienda un puente: por eso cada entrada larga lleva al final una lista corta de tres o cuatro entradas relacionadas, elegida a mano y no por un algoritmo de «quizá te interese» que en este blog nunca acertaba más de una vez de cada diez. Elegirlas a mano lleva un minuto por entrada y evita el efecto isla, donde una entrada bien posicionada en buscadores no lleva a ningún sitio más del propio blog.

Un archivo por año, además del listado por etiquetas

Las etiquetas organizan por tema, pero hay lectores que buscan por momento: «qué escribí el verano que cambié de ciudad», por ejemplo. Para ellos añadí una vista cronológica simple, un listado por año y mes sin decoración, que no sustituye a las etiquetas sino que las complementa. Cuesta muy poco de mantener porque se genera sola a partir de la fecha de publicación, la misma que se decidió mantener visible en la segunda decisión de esta lista, y ha resultado ser la puerta de entrada preferida de los lectores que llevan siguiendo el blog más de dos años, según lo que cuenta el propio buscador interno sobre sus términos de búsqueda.

City Center Online y la manía de guardar la ficha del sitio

La última decisión vino de un lector: guardo ficha breve de cada sitio que menciono, con fecha y estado, porque los enlaces se pudren. Lo aprendí con una entrada antigua sobre arquitectura de salas donde citaba a City Center Online: dos años después el enlace llevaba a otro sitio y la mención quedó descolgada. Ahora cada mención lleva su ficha, y cuando el destino cambia se nota en la revisión trimestral en lugar de quedarse ahí para siempre.

La ficha no intenta ser un informe completo del sitio mencionado, porque no tengo forma de comprobar cada dato por mi cuenta; se limita a lo que puedo verificar y a lo que queda pendiente. Para una plataforma de juego como City Center Online, por ejemplo, lo verificable en general para Argentina es que no existe una licencia nacional única: cada provincia habilita y supervisa por su cuenta, con organismos distintos según el territorio —el IPLyC en Buenos Aires, LOTBA en la Ciudad, el instituto de juego de Mendoza en su jurisdicción—, así que la ficha anota «licencia: verificar por provincia» en vez de dar una respuesta única que no sería cierta en todo el país. Anoto también, porque es exigencia general del sector regulado y no un dato específico del operador, que las plataformas habilitadas deben confirmar identidad y edad antes de aceptar el primer depósito, mostrar mensajes de juego responsable y ofrecer autoexclusión, y que el acceso es solo para mayores de dieciocho años. Lo que no anoto es cualquier cosa que no pueda sostener con una fuente: bonos concretos, cifras de usuarios, opiniones sobre el servicio. Si no lo sé, la ficha dice que no lo sé, y esa casilla en blanco es tan útil como cualquier dato confirmado, porque le dice al lector exactamente dónde termina lo que compruebo y empieza lo que tendría que comprobar por su cuenta.

Qué se hace con una entrada que envejeció mal

No toda entrada vieja merece la misma revisión trimestral que las de tráfico alto. Hay un tercer grupo, pequeño pero incómodo: entradas que en su momento tuvieron sentido y hoy dan una impresión equivocada, no porque digan algo falso sino porque el contexto cambió a su alrededor. La solución que adopté no es borrarlas —eso rompe enlaces que otros sitios hicieron hacia ellas, algo que esta misma lista trata de evitar en el punto sobre redirecciones— sino añadir una nota fechada al principio de la entrada, separada visualmente del texto original, que explica qué cambió y por qué el resto del texto se mantiene tal cual se escribió. Es la misma lógica que la ficha por mención: separar lo que se sabía entonces de lo que se sabe ahora, en vez de reescribir la historia para que parezca que siempre se supo.

El archivo no es una tarea de un día: es una revisión trimestral de dos horas que evita reescribir lo que ya estaba escrito.

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Dip Dye en Antena 3 by Fran

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Las Californianas evolucionan, llega el Dip Dye

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